M-Clan

Él ha puesto letra y corazón a las once canciones de "Memorias de un espantapájaros". Juegos de palabras e inusitada profundidad para este disco, para este diario de amores malditos
Ya no viven en la misma ciudad ni van de gira por la misma carretera. La vida ha tratado bien a este veterano grupo de Murcia. Aunque se ven por temporadas para componer o comerse una paella en casa del cantante, M-clan ha necesitado varios años para cocer a fuego lento su disco más otoñal.
Después de su disco "Sopa fría", M-clan decidió tomarse un descanso para recomponer su creatividad. Su directo desenchufado y la sobre exposición de canciones como "Carolina" o "Llamando a la tierra" les agotaron. Nunca reniegan de sus canciones, pero tras este disco quizás conozcamos a otra banda, a otro Carlos Tarque que peina canas y ha experimentado con otros tonos en su voz, una de las mejores voces del rock español.
El desamor produce escarcha, pérdida, temblor, sensaciones que ha captado la voz de M-clan. Carlos Tarque ha escrito en este disco sobre el invierno y el amor universal, el desarraigo y el inmigrante, una banda comprometida con la izquierda, sin rifles ni galones, que pisa fuerte por donde pasa al grito de "quiero rock".
En el escenario está todo estudiado pero no hay nada medido, el público siempre tiene la clave y el rock fronterizo de M-clan gusta y mucho. La guitarra de Carlos Raya, productor también de Fito y los Fitipaldis, ha dado calor a un Carlos Tarque que se crece, que llena el escenario con su voz y su actitud. M-clan conoce bien la magia del directo.
Las juergas de M-clan son famosas e incluyen incidentes policiales y escándalos hoteleros, pero realmente guardan con celo sus vidas privadas. Poca gente sabe que Tarque tiene un disco firmado por David Bowie o que usa como talismán el mismo anillo desde hace años. Muy amigo de sus amigos, quien le conoce le adora ya que no duda en subirse a un escenario con otros músicos cuando ellos se lo piden.




