Siwel
Así suena 'A healthy shift', nuestro álbum de la semana.

Maneras anglosajonas, pequeños tratados del corazón que hacen de unos pocos minutos, los que dura una de sus canciones, algo muy intenso. Estos y otros méritos ya le han valido para presentar su tercer trabajo y haber teloneado a Travis o Police a sus 23 años. Todo bajo el seudónimo de Siwel, un nombre que habla tanto de su timidez como de su afán por crear en torno a su música un pequeño halo de misterio.
Rendidos a la pureza de sus canciones. Un hechizo construído a base de melancolía que más debe al otoño que a la primavera aunque también podría estar en deuda con los últimos días del verano. Y es que Siwel ha compuesto melodías bien ajustadas a patrones clásicos para degustar a cobijo de la lluvia, desde la penumbra de un final de jornada o la modorra que invade cualquier recinto cuando ya todos se han ido porque ha terminado la fiesta.
Romántico cantautor sin causa. Si acaso presunto narrador de amores y desamores, de tiempo que fluye y sensaciones que inevitablemente llegan. Siwel reconoce su deuda con el pop anglosajón y el legado de artistas tan recordados como Elliot Smith con el que tanto le han comparado. Una referencia inevitable que le honra casi tanto como le sonroja
La calidez acústica de su segundo trabajo cosechó críticas soberbias pero Siwel ha decidido no acomodarse en una sola fórmula y ha querido arriesgar en su tercer trabajo dejándose acompañar por una banda. A healthy shift nos revela lo bien que sienta la electricidad a unas melodías que también pueden disfrutarse desnudas tal y como nacieron.
El mundo desde una azotea. Siwel asegura vivir dando la espalda al mar a pesar de ser valenciano. Y aunque no le guste la playa la luz del mediterráneo se filtra sin pedir permiso en muchas de sus composiciones. Canciones en azul a la que sientan bien los impulsos eléctricos de los Sweetlanders la banda de rock que habitualmente le acompaña en directo.
Le gusta descubrir en directo las reacciones del público aunque su música sólo pueda disfrutarse desde un riguroso silencio que no siempre es fácil encontrar en una sala de conciertos. Y es que la voz de Siwel a menudo parece susurrarnos un pedazo de su intimidad aunque él mismo nos confiese que no siempre sea él mismo el origen de sus historias.
En un mundo de prisas en el que a menudo triunfa lo ordinario, es fácil contemplar como a un extraterrestre a un músico como Siwel, capaz de mostrar sin reparos su preocupación por el maltrato de animales o confesar que su vida es tan sencilla y diáfana como aparentan sus canciones aunque éstas no siempre encuentren inspiración en su día a día. Un joven sincero capaz de reconocer que en su caso pensar en fama y éxito masivo no puede provocarle más que escalofríos.




